Señora, yo no tengo lado
Una de las cualidades que más admiro en una persona inteligente es la capacidad de reírse de sí misma. Pocos hombres la tuvieron tanto como G. K. Chesterton.
Novelista, periodista, ensayista, polemista, creador del Padre Brown y uno de los escritores más brillantes del siglo XX, Chesterton reunía una combinación poco frecuente: una inteligencia extraordinaria y una absoluta falta de solemnidad. Era también un hombre de enorme corpulencia, y fue precisamente sobre sí mismo sobre quien dirigió muchas de sus mejores bromas.
El blanco de sus bromas
Se cuenta que, cuando un periódico preguntó a varios intelectuales qué estaba mal en el mundo, Chesterton respondió con una carta de una sola línea:
Yo.
Durante la Primera Guerra Mundial, cuando una señora le preguntó por qué no estaba en el frente, se dice que respondió:
Si me rodea, verá que sí lo estoy.
Y en cierta ocasión, tratando de atravesar una puerta al mismo tiempo que otra persona, una señora le sugirió: «Caballero, si intenta pasar de lado tendrá más espacio». A lo que Chesterton contestó:
Señora, yo no tengo lado.
Era un humor inteligente, pero también profundamente humano. Un humor que nacía de la humildad y de la conciencia de las propias limitaciones.
Tres acres y una vaca
Sin embargo, reducir a Chesterton a sus ocurrencias sería una injusticia. Junto a Hilaire Belloc desarrolló una de las propuestas políticas y sociales más originales de su tiempo: el distributismo.
Inspirado en los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, el distributismo buscaba una alternativa tanto al capitalismo concentrado como al socialismo de Estado. Su idea era sencilla de formular y difícil de ejecutar: la propiedad debía estar distribuida entre el mayor número posible de familias. No buscaba eliminar la propiedad privada, sino extenderla. No quería una sociedad de unos pocos grandes propietarios ni una sociedad donde todo dependiera del Estado.
Su ideal se resumía en una vieja expresión inglesa, el lema con que el reformista Jesse Collings defendió en 1885 que cada familia campesina pudiera tener su parcela, y que los distributistas hicieron suyo: three acres and a cow. Tres acres y una vaca. Una imagen sencilla para expresar algo mucho más profundo: familias con independencia económica, arraigo, responsabilidad y capacidad para gobernar su propia vida. De ahí toma su nombre este proyecto.
Chesterton lo resumió en una frase: el problema del capitalismo no es que haya demasiados capitalistas, sino demasiado pocos.
Quien no sabe reírse de sí mismo
Puede compartirse o no su propuesta. Pero resulta difícil no admirar a un hombre capaz de escribir miles de páginas sobre literatura, religión, política, economía y sociedad sin perder nunca la alegría, la humildad ni el sentido del humor.
Chesterton entendía algo que a menudo olvidamos: quien no sabe reírse de sí mismo termina tomándose demasiado en serio. Y pocas cosas han causado más problemas en la historia que las personas incapaces de reírse de sí mismas.